No se preocupe, le cambio la botella

   Tras detectar que algunos de nuestros lotes de cerveza habían degenerado pasados unos meses, nos gustaría compartir nuestra experiencia enfretándonos por primera vez al reto que ello nos presentó.


   En primer lugar, teníamos claro que una vez identificado el problema, habíamos de subsanarlo en la medida de lo posible: no para el caso de las ventas a particulares (nos es imposible hacer un seguimiento de todos ellos), pero sí que teníamos controladas las tiendas y locales que disponían todavía de botellas pertenecientes a esos lotes (un urra por el protocolo de trazabilidad!).


   Así que estos días pasados hemos estado yendo a estos pequeños distribuidores, que en principio nos suponía un acto algo violento e incluso un poco vergonzoso (creo que a nadie le es plato de buen gusto reconocer errores...) pero que ante todo respondía a nuestra honestidad y las ganas de seguir ofreciendo el mejor producto posible al consumidor, a comentarles lo sucedido, su posible origen, y las acciones correctoras que implantaremos. A su vez, ya llevábamos género de sobra para reponer dichos lotes, y en la mayor parte de los casos, dejamos incluso más botellas de las que había que cambiar, a modo de pequeña compensación.


   Lo más relevante es que, exceptuando un caso, contamos con la comprensión e incluso admiración de nuestros clientes, ya que comentaban que esta acción era la que cabría esperar de todo proveeedor y que, sin embargo, es muy poco frecuente, pese a que la incidencia que les planteábamos no representa ni mucho menos un caso aislado, en muchos productos se encuentran con deficiencias puntuales de calidad, pero el proveedor prefiere simular que lo ignora, "tirar balones fuera", o incluso culpar al mismo establecimiento por mala conservación, etc.


   Sin duda, ante un problema de calidad, la mejor opción es la acción. Sabe muy mal haber de tirar unos cientos de botellas, pero mucho peor resultará mantenerlas en el mercado y que esta degeneración sea directamente contagiada a nuestra imagen de marca. 

 

 

 

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Conservación de la cerveza artesana

   Nuestra nanocervecería es de muy reciente creación, por lo que vamos "pagando novatadas", y en esta ocasión querría compartir lo que nos ha sucedido recientemente, por si os puede ser útil esta experiencia a alguno de vosotros:


   Comenzamos a elaborar unos meses antes del pasado verano (durante los meses de más calor paramos, ya que no contamos con instalaciones climatizadas), con lo que, una vez pasados los dos meses que damos a las botellas para su maduración, fuimos vendiendo todos los lotes que habíamos hecho sin problemas.


   La sorpresa nos la hemos encontrado con las botellas que elaboramos a partir de septiembre hasta enero, ya que han empezado a desarrollar una acidez desagradable.


   Hemos detectado rápidamente el origen del problema: con casi total seguridad, esto se debe a una pequeña contaminación bacteriana, que en nuestro caso, pasados unos 4 meses desde el embotellamiento, empieza a manifestarse en una escalada fulminante.


   La solución, que habremos de implementarla ya pasado este verano, consistirá en utilizar unos esterilizantes específicos hidroalcohólicos, muy cómodos de usar durante el proceso de elaboración.


   Y como no hay mal que para bien no venga, este traspiés nos servirá para mejorar nuestro control de calidad: hasta ahora catábamos las cervezas una vez cumplidos los dos meses de maduración en botella, y ya nos olvidábamos, dando por sentado que lo mucho que podía pasar es que el producto mejorara (decíamos: ya nunca que se echara a perder!); pero a partir de lo sucedido, además, guardaremos un par de cajas de cada lote para ir catando cada dos o tres semanas, y poder monitorizar así su evolución.


   En este sentido, así como hasta ahora asignábamos una fecha de caducidad del producto de casi dos años (hay que mencionar aquí que, almenos por lo que yo sé, es un aspecto que carece de regulación), a partir de ahora lo reduciremos a 1 año, en haras de conseguir una mayor seguridad en la calidad del producto ofrecido.

 

 

   

 

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El (gran) paso a la legalización

 Dentro de poco hará un año que decidimos pasar de hacer la cerveza en casa, a legalizarla como actividad.

 

   En nuestro caso, partíamos de disponer de una microbodega de vino, al día de permisos y demás requisitos legales, lo que, en principio, nos iba a facilitar muy mucho dar el paso. Pero la realidad fue otra, fundamentalmente debido a nuestra "ingenuidad normativa", basada en un sentido común que se desveló completamente divorciado de las exigencias legales.

 

   En primer lugar, uno (almenos es mi caso) cree que lo principal que ha de tener en cuenta es que sus instalaciones, herramientas, procesos, materias primas y, en general, todo lo que tenga relación con la calidad y garantías sanitarias del producto, ha de ser lo más relevante a justificar ante la administración. Y bueno, en cierta forma sí fue lo más importante, en tanto que ésta supuso nuestra primera inspección de control, que pasamos sin dificultad.

 

    Por otra parte, habíamos comunicado al Ayuntamiento una ampliación de la actividad para la bodega, tal y como nos indicó un ingeniero agrónomo de la misma consultoría que tramitó el proyecto original: "Decís en la instancia que ahora en la bodega también haréis cerveza y, ya puestos, también que haréis mermeladas y quesos. Al fin y al cabo, así ya os constará en la ampliación de la actividad, y como esto no os conllevará ningún cambio ni cuesta mucho, adelante!"


    Ya estábamos pues muy contentos, trabajando como siempre con pequeñas cantidades, con una producción que de momento no permitía cuadrar números, pero las perspectivas eran buenas.

 

   Al cabo de un par de meses, nuestro gestor vitivinícola nos comentó, así de pasada, que si ya estábamos cumpliendo con Aduana e Impuestos Especiales por la cerveza que elaborábamos. Ehhh???, aduanas???, por 140 botellas que hacemos al mes hemos de pagar Impuestos Especiales como una "Fábrica de cerveza" (tal y como reza su epígrafe)??? 

 

   Pues sí, efectivamente tramitamos el alta en II.EE. de Aduanas (por lo visto, no les importa el volumen que elabores, si te pillan sin estar de dado de alta, la multita es de las buenas), que para hacerlo más divertido, nos exigieron que el local dónde se elaboraba la cerveza había de ser independiente del resto de la bodega, con una puerta propia que diera a la vía pública. Ahhh..., claro, pensé yo, tiene mucha mucha lógica...ummmmm.... Así que, cargado de paciencia y resignación, levanté una pared para compartimentar una sala de la bodega, y asigné una de las puertas del patio de la finca (almenos tenemos suerte de tener unas instalaciones polivalentes, ejeje) a este nuevo local.

 

   Esta modificación de la bodega, de rebote, también hubo que hacerla constar a todas las entidades en las que ésta estaba inscrita, entre ellas el Ayuntamiento. Y fue entonces cuando el técnico municipal nos comunicó que, dado que ahora el local de la cerveza era independiente de la bodega, habríamos de darlo de alta como tal, es decir: presentar proyecto, cumplir con la protección contra incendios, tener WC, etc. Los pelos de punta!: pero todo esto ya lo tenía en la bodega...., si levanté la pared fue porque lo pedían en IIEE, y es que el local que tengo es de 18 m2! cómo va a haber ahí además un aseo?

 

   Finalmente pudimos justificar todos los requisitos que nos pedía el Ayuntamiento (también mencionaban contaminación acústica, lumínica,ufff..., alucinante), argumentando usos compartidos con la bodega, realizando algunas de las instalaciones nuevas, etc.

 

   Vamos, que ahora que se va a cumplir ya un año, y pasado este tránsito, sin duda aconsejo a quien tenga en mente iniciar su proyecto a que se lo plantee bien, mejor que en mi caso por lo menos; y eso sí, que superada esta fase vaya a fondo con ello: ánimos y salut!

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